No Podemos Callar

No Podemos Callar

Lo digital para enriquecer lo humano

Saludo de la Decana Claudia Jurado en la instalación del ciclo Artes, Humanidades y Tecnologías en Diálogo con lo que se calla
Manizales, 8 de julio de 2019

Hace algunos días, a pocos metros de este sitio, fue vilmente asesinada Saida, una mona de ojos claros que no pasaba desapercibida para casi nadie. Saida fue apuñalada más de 30 veces por su pareja. Esa fue la única razón de su muerte: no fue el hecho de que viviera en la calle, no fue el hecho de que hiciera malabares, ni fue el hecho de que se vistiera de forma pintoresca. Su asesinato se consumó porque su pareja creía que Saida era su posesión, y que, por ende, por pertenecerle, podía abusar de ella, al punto de quitarle el más primordial de los derechos: la vida.

Al respecto, escribió Pablo Felipe Arango lo siguiente:

Alguien dijo que Saida Johana murió como consecuencia de su trato con las drogas, casi endilgándole a ella misma la culpa de su asesinato. Por poco y no dice que por ser mujer y por estar en un lugar oscuro y alejado. Se trata de la infame costumbre de endosar responsabilidad a la víctima, tal como lo hacen, casi siempre, con las mujeres que sufren algún tipo de atropello o abuso sexual.

El asesinato de Saida que nos ha conmocionado a todos, ha puesto nuevamente el dedo en la llaga sobre las realidades de acoso y violencia en nuestra institución y nuestro medio. Hace algunos meses el Observatorio de Género y Sexualidades y la profesora Liliana Hurtado realizaron dos actividades con profundas repercusiones éticas, institucionales y humanas. El denominado “Tendedero del acoso”, un proceso académico y social que impulsa a las víctimas de acoso a exponer sus situaciones, y la actividad “La ropa sucia NO se lava en casa”, una acción performática que busca visibilizar las violencias y llamar la atención frente a las reservas que se tienen para exteriorizar las denuncias, demuestran que el acoso y la violencia sexual no son situaciones ajenas a nuestra universidad.

Estas son apenas dos de las múltiples acciones que se vienen realizando desde hace años en la institución con el propósito de poner este flagelo en la picota pública y plantear alternativas de prevención, atención y sanción. Estos escenarios buscan que se hable de esto, que se oiga de esto, que se comente sobre esto, que los dolores y padecimientos de las víctimas se verbalicen, se proyecten, se recreen, para así poder avanzar en el entendimiento de una realidad innegable y profundamente perturbadora.

Establecer un diálogo honesto y directo sobre el acoso y las violencias es una de las maneras para evitar que nuestras aulas, nuestros pasillos y nuestras oficinas se llenen de silencios que se alimentan, pero a la vez nutren la impunidad, la percepción de injusticia y la sensación de que nada pasará y las cosas seguirán igual.

Esos silencios culpables, en unos casos, cómplices en otros, y resignados en la mayoría de situaciones, se agravan si las víctimas no cuentan con una red de protección debidamente establecida y si este flagelo se sigue asumiendo como si se tratara de casos aislados, malentendidos o actos propios de nuestra cultura que no merecen mayor discusión.

No podemos permitir nunca más que nos digan: “calladita se ve más bonita”. No podemos permitir que ninguna mujer, que ningún hombre, que ningún ser humano se sienta culpable al ser acosado y tema denunciar su situación. No podemos permitir que se silencien los actos de violencia e injusticia. No podemos permitir que se perpetúe una historia que se ha escrito a partir de la violencia y la dominación. No podemos permitir más asesinatos de Saidas o de Alexandras. No podemos callar.

Por eso, el llamado a fortalecer nuestro accionar para que la desolación de los silencios desaparezca, para que las voces se alcen, y para que, en lugar de la resignación, se construyan lugares seguros y libres de violencias y acoso.

Porque persiste el acoso, la violencia y el silencio, pero, sobre todo, porque persiste nuestro espíritu audaz y combativo para superar estos flagelos, celebro que en el Foro Permanente Artes, Humanidades y Tecnologías en Diálogo estemos conversando sobre los que se calla.

En honor a Saida y a las mujeres que han padecido situaciones de violencia, seguiremos impulsando espacios de diálogo hasta que el flagelo de la violencia se convierta en una prioridad dentro del panorama institucional y la agenda de ciudad.

Muchas gracias.

CLAUDIA JURADO GRISALES
DECANA
FACULTAD DE ARTES Y HUMANIDADES
UNIVERSIDAD DE CALDAS